Blog

Lee acerca de las últimas novedades de nuestra empresa y el sector

La industria busca resurgir en medio del avance de los servicios

La reindustrialización de la Argentina es una de principales banderas que levanta el Gobierno para marcar las diferencias que existen entre esta etapa y lo que ocurría en los 90. Pero algunos analistas pintan a este proceso como una cáscara endeble en la que se esconde el mismo esquema productivo que dominó la convertibilidad.

Un documento del CIPPEC aporta que, entre 1996 y 2012, la importancia relativa de la industria manufac­turera en el PBI, en términos reales, pasó de un mínimo de 15,4% en 2002 a un máximo de 16,8% en 2004 (ver infografía). El economista Eduardo Levy Yeyati revela que “la estructura pro­ductiva argentina continúa, al igual que en los 90, dominada por los servi­cios y la construcción”. De este modo, entre 2003 y 2012, las actividades del sector primario (agricultura, gana­dería, pesca, minería y suministro de electrici­dad, gas y agua) y, en menor medida, la industria manufacturera, redujeron su peso relativo.

Desde FIEL, Abel Viglione señala que éste no es un fenómeno nuevo. “La participación de la industria en el PBI siempre ronda entre 16 y 18%”, indica. Pero enfatiza que “una cosa es 18% en 1999 y otra en 2012, cuando el PBI absoluto es mucho más grande y, por lo tanto, el PBI industrial también lo es”.

En la estructura productiva argentina, el 66% corresponde a servicios y el 34% restante a bienes. No se trata de un fenómeno local, ya que los servicios ganan espacio en todo el mundo. En este punto, el economista Diego Coatz, secretario de la Sociedad Internacional para el Desarrollo (SIDBaires), apunta que “es reduccionista llevar el debate a si la industria participa 1 ó 2% más ó menos en el PBI. Con el proceso de tercerización de la producción a nivel global, gran cantidad del PBI industrial hoy se encuentra registrado en el rubro servicios”. Con una lógica similar, Viglione aporta que “no se puede decir que toda actividad productiva que eche humo sea mejor que las relacionadas con los servicios”.

Desde SIDBaires, su vicepresidente, Fernando Grasso, plantea que la situación del sector manufacturero es mucho mejor hoy que en los 90. “La industria explica más del 75% del sector transable de la economía, 2 puntos porcentuales más que a comienzos de la convertibilidad y muy superior al piso de 65% que alcanzó en 2002”.

El diputado Claudio Lozano aporta una visión distinta sobre este crecimiento: “Lo que creció en realidad fue el patrón productivo heredado de los 90”. El economista señala que no hubo cambios profundos respecto del esquema anterior y que el proceso de reindustrialización se dio “sin que hubiera políticas explícitas de reorientación del excedente por vía de la inversión”. Esto implica que la inversión es baja respecto a la tasa de expansión que tuvo la Argentina en estos años. Y además, para Lozano la calidad de la inversión es cuestionable: “5 de cada 10 dólares son ladrillos y sólo 3 de cada 10 son maquinaria o capital reproductivo. Hay un componente muy alto de inversión especulativa y una ausencia de politíca industrial”.

La discusión acerca de si la reindustrialización merece ser calificada con un aprobado o con un aplazo sigue abierta. Grasso opina que “haber mantenido o incrementado levemente la participación sobre el producto total en un contexto donde las principales economías industrializadas –en particular las de América Latina– la redujeron sustancialmente, refleja la magnitud del crecimiento industrial argentino”.

La polémica suma nuevas aristas cuando Coatz pone el foco sobre el empleo industrial. Afirma que se crearon más de 450.000 empleos formales, con un salario promedio que pasó de $1.087 en 2002 a $6.452 en 2011, lo que evidencia que el rol de la industria para reducir el desempleo fue decisivo. “De lo contrario, ¿cómo se explicaría que en los 90 había ingenieros manejando taxis y hoy es evidente su escasez y el déficit de técnicos en sus más diversas especialidades?”, se pregunta Grasso.

Para Lucio Castro, del CIPPEC, la contribución del sector manufacturero a la creación de empleo regis­trado fue limitada. “Entre 2003 y 2012, las principales fuentes de generación de empleo registrado fueron los servicios y la construcción, con una participación ascen­dente del sector público a partir de 2008 (y sobre todo en 2009), cuando se debilitó la oferta de em­pleo privado”.

Una de las particularidades de la industria es que se caracteriza por ser un sector donde el uso del capital es más intensivo que el de la mano de obra, si bien hay rubros como la confección textil, en los que la demanda de empleo es intensa. Para Viglione, la contraposición entre capital intensivo y mano de obra intensiva es obsoleta. “Cuando se le acerca capital al trabajo, el que obtiene más ganancia es el empleado, porque tiene más productividad y cobra más salario”, opina.

¿Hay chances de que a nivel local la industria tenga una expansión vigorosa de ahora en más? Levy Yeyati es pesimista. “Hoy, a pesar de los esfuerzos y los fondos invertidos en protección industrial, la Argentina estaría con­vergiendo a la senda declinante común a otros productores de commodities, en línea con el au­mento de los precios relativos de los bienes pri­marios y en relación con la industria manufac­turera y la continua apreciación cambiaria que eleva los costos en dólares de producción local”, concluye.

El CIPPEC también advierte que, en un contexto de fuerte competencia global en manufacturas –con paí­ses de bajos salarios como China y sus vecinos–, “la naturaleza de la oferta laboral argentina, de salarios medios altos y productividad modes­ta, pone en duda las posibilidades de éxito de un modelo industrializador desarrollista ba­sado en la protección arancelaria y la sustitu­ción de importaciones”. Y señalan que la clave para incrementar el desarrollo pasa por “integrar redes globales a través del desarrollo de segmentos competitivos en algu­nos eslabones específicos”.

Viglione pone el acento en la política industrial que debería implementarse para favorecer la expansión. “Se requiere de estabilidad en la regla tributaria, en la arancelaria y también evitar las restricciones en la importaciones y exportaciones de bienes e insumos, junto con un clima de negocios amigable. Y si la empresa es extranjera, también tiene que existir libertad para el movimiento de capitales y de giro de utilidades y dividendos. En los últimos 50 años, la Argentina ha demostrado que muchas de estas reglas no se cumplen”.

Para Claudio Lozano, el eje de la discusión “no debería ser el nivel de expansión del PBI, sino la composición del crecimiento”.

Fuente: iEco Clarín

  • Este es un comentario de prueba.

  • Av. Urquiza 152, Humberto Primo
    Santa Fe, Argentina
  • +54 (03493) 156 634 49
  • info@iadi.com.ar
Comparte este sitio en las redes sociales:

Industria Argentina
Industria Argentina
Industria Argentina
Industria Argentina
Copyright ©2013 IADI